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Posts Tagged ‘venezolanos en el mundo’

En el argot venezolano, todo lo que esté relacionado con la palabra “pantalla” quiere decir apariencia. Por ejemplo, cuando decimos que una persona es pantallera, nos referimos a un individuo que no es lo que parece ser. O cuando hablamos de la pantalla del gobierno, hacemos alusión a todo aquello que se antepone para tapar una realidad. En todo caso, lo asociamos a las apariencias.

 

No obstante, en la realidad que nos toca vivir a los inmigrantes, la pantalla es nuestra herramienta de uso diario, que nos conecta con el mundo sin importar el tiempo ni el espacio. La pantalla es nuestro todo, lo que aparenta y lo que es.

 

Ahora bien, cuando lo combinamos con nuestras circunstancias familiares, debo decir que ha sido la pantalla la que nos ha permitido sobrellevar de la mejor manera la re-composición de los lazos afectivos. No obstante, vale la pena destacar que dicha re-composición no comienza el día que la gente recibe un sello en su pasaporte.

 

En lo personal, tengo más de 14 años despidiendo amigos y familiares que se han ido a buscar nuevas oportunidades fuera de la tierra que nos vio nacer y crecer. A mí me despidieron dos veces, y debo decir que como persona que deseó a otro un buen viaje, cada partida se convertía en un juego de tetris mental en el que no entraban, sino que salían las piezas, y me obligaba a buscar un acomodo en mis actividades.

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Juego de tetris. (Fuente: google)

Para mí, los amigos forman parte de esa familia que uno escoge. Uno podía hacer choripaneadas, parrilladas, maratones de películas – o ponga usted el nombre de su actividad favorita- en casa con sus padres, hermanos, tíos y abuelos, pero con los amigos la cosa es diferente. Por eso, cuando se van, las rutinas de uno también cambian.

 

Pero afortunadamente vivimos en la era de Internet y las redes sociales, y es allí donde se manifiestan las pantallas. Primero fue el messenger (lo usé hasta que dejo de existir con sus emoticones y guiños), en paralelo estaba Skype. Con la popularización del blackberry, llegó el BBpin, y llegamos a whatsapp como el más popular (al menos entre los venezolanos).

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Zumbido de Messenger (fuente: google)

¿Cuántos de los migrantes que me leen no han empleado estas plataformas para conectarse con los suyos? ¿Cuántos no han pasado fechas importantes pegados a una pantalla para dar o recibir noticias? ¿Cuántos venezolanos no han dejado notas de voz pidiendo la bendición a sus padres o cantando el cumpleaños (“Ay que noche ” incluido)?

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Navidad venezolana (fuente: @meollocriollo)

Pero la evolución de la familia va siempre en dos sentidos. Los que se quedan, buscan nuevas formas de llenar la caja de tetris con actividades cercanas a su entorno, y en algunos casos, se aproximaban a personas que a lo mejor en el pasado no lo habrían hecho.

 

Los que nos vamos, estamos en la obligación de integrarnos a la sociedad de acogida, por lo tanto, estamos ávidos de información para que nada nos agarre desprevenidos. Entonces la familia de pantalla vuelve a evolucionar cuando, por ejemplo, una amiga me pasa el contacto de whatsapp de su mejor amiga que vive “Aquí”, la cual se ha puesto a la orden para ayudarme en lo que pueda. O el grupo que se formó inicialmente para ir a la entrevista de selección migratoria, en el que intercambiábamos experiencias del filtro para llegar “Aquí”, y que luego devino en una familia latinoamericana en la que cada integrante relataba, preguntaba, respondía y hacía sugerencias para una mejor adaptación. Pero que también felicitaba por el cumpleaños de unos, se inquietaba por retardo del papeleo de otros, se alegraba por el compromiso matrimonial de unos o por la cirugía y la recuperación que estaba por venir de la otra. Lo mismo ocurre con los grupos de estudios y de trabajo, o con los familiares directos que no conocías en tu país y tuviste el primer contacto “Aqui”.

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Whatsapp (fuente: google)

Al menos mi generación de migrantes tiene una comunicación mucho más fluida que la de aquellos europeos, quienes escapando de la guerra, tomaban un barco hacia América y cuya interacción con los suyos dependía del correo postal.

 

Con el paso del tiempo, he encontrado que la migración de mis amigos, familiares y la mía propia se parece la etapa en la que mis cercanos se casaban, pues ya no los veía con la misma frecuencia (menos cuando llegaban los hijos), los temas de conversación cambiaban, y entonces me tocaba explorar nuevos intereses, pero el cariño seguía intacto.

 

@anystasia_r

Montreal, 9 de octubre de 2017

 

 

P.D.: esta publicación está dedicada a todos los integrantes de mi familia de pantalla, especialmente a mis padres, hermanos, esposo, familiares y amigos dentro y fuera de mi Venezuela, a los que he conocido en este caminar por el mundo, a Carla y  Alex, a Carlos, a Nairuma, a  los Chiruzos, a Maru y Leo, a Karina, a Maria de los Angeles y Robinson, a la Sra.Nancy y al Sr. José, a Ofelia, a Vanessa, a las focolarinas de “Aqui” y de “Allá”, a Tatiana, a Keyla y Chantal, a mi equipo Greenwich.Events (porque no todo es trabajo), en fin, a todos los que han estado, están y estarán en mis pantallas, porque están para ser y no para parecer.

¡Feliz día de Acción de Gracias a todos!

 

 

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Empezaba el otoño cuando llegué “Aquí” (Foto: @anystasia_r)

“Aquí” puede ser cualquier lugar fuera de nuestra amada Venezuela (porque yo amo mi país, a pesar de todas las circustancias que me llevaron a dejarlo, y así como yo, hay unas cuantas personas más. Si no es tu caso, sigue la lectura, no pasa nada).

A seis meses de haber llegado a esta tierra de oportunidades, he tenido la ocasión de vivir momentos de sorpresa, asombro, alegrias, angustias, nostalgia, pero sobre todo, esperanza, y gracias a Dios, cada cosa ha dejado una enseñanza. Hoy quiero compartir varias cosas que he comprobado y otras que he aprendido:

– La migración es un proceso que vive cada quien, de manera individual, sea que llegues solo o en una familia, cada persona tiene expectativas, sueños y metas diferentes, el papá, la mamá, el hijo pequeño, el hijo adolescente;  y por eso no hay fórmulas que predigan cómo llegará el éxito por el hecho de poseer determinada carrera, experiencia laboral, o condición familiar.

– En ocasiones he leído viñetas y publicaciones que dicen que al llegar “Aquí”, te debes olvidar de lo que eras en tu país. Yo difiero de ese punto de vista, porque una cosa es dejar por un momento tu estilo de vida de allá, y otra, enterrar tus dones y talentos. Al menos a mí, este país me aceptó por mis estudios y experiencia para hacer un aporte, por lo tanto, no debo perder mi norte aunque al principio me toque empacar productos cosméticos. Si luego toca redireccionar la vocación, al menos le habré dado a mi saber-hacer la posibilidad de buscar un espacio para su desenvolvimiento.

– Con el tiempo aprendemos a desarrollar nuevas competencias: contar rápidamente una paleta de cajas embaladas, agudizar la motricidad fina mientras etiquetamos envases. Otros se empapan en los procesos de transporte de carga, aseo de establecimientos o asistiendo en la cocina de algún restaurante mientras buscan el empleo que mas se adapte a su perfil. Lo importante es no gastar los ahorros y enfocarnos en lo que nos trajo aqui: calidad de vida y crecimiento personal.

– Llenar la agenda para evitar la depresión. Ahora mismo, trabajo medio tiempo en un centro de llamadas donde me comunico, en inglés, francés y español, estudio para mejorar el idioma de Molière, organizo encuentros con mis compañeros de trabajo, busco un voluntariado, voy a la biblioteca, a la iglesia, al parque, me siento a observar la nieve, trato de disfrutar el frío el calor (cuando hay)… me lleno de actividades para que la incertidumbre que me invadía los primeros días al despertar y preguntarme “¿qué voy a hacer hoy?”, mientras miraba el techo de la habitación, no vuelva más.

Las actividades invernales también son divertidas (Foto: @anystasia_r)

De lo que nadie habla. Muchos migrantes alguna vez pasaron por el trabajo obrero. Sí, obrero, nada profesional, super agotador y que te permite pagar las cuentas. Pero nadie habla de ello hasta que se lo preguntas abiertamente. Bien por aquellos que no pasaron por eso en sus inicios, pero personalmente incitaría a otros, que como yo se iniciaron en esos entornos laborales, a contar los aprendizajes positivos que van mas allá del ingreso alimentario.

¿Volver a las aulas? Antes de mi partida, obviamente me informé de todos los procesos formales de la llegada pero hay otros tópicos que habría querido conocer con anticipación para prepararme mejor, como por ejemplo, el tema de los estudios como puente para una mejor integración laboral, pero poca gente habla de ello a pesar de lo común que es. De haber tenido más información sobre esas experiencias, quizás habría cuadrado mi llegada para hacerla coincidir con las admisiones a los programas colegiales o universitarios, pero como dije antes, pocos se manifiestan al respecto.

No es bueno contarle todo a la familia y menos a tu mamá. (Perdóname, mami pero es asi). Aunque tus padres sepan que estas  un poco más segura fuera del país, ante la mínima muestra de angustia que les dejes ver (una lágrima, ojos llorosos o voz entrecortada), lo primero que se imaginarán es que estas viviendo debajo de un puente con la nieve hasta el cuello. La cosa se pone peor cuando les dices que aun estas buscando trabajo o que tienes uno de ocasión. Solución: desahogarte con una tía de mente abierta, un amigo, tus hermanos o alguien que no juzgue tu decisión.

La ayuda alimentaria varía de entrega en entrega. (Foto: @anystasia_r)

Me puedo alimentar bien. El “Aquí” donde me encuentro me ofrece una oportunidad increíble con la ayuda alimentaria periódica y por tiempo limitado. Esto es algo que agradezco infinitamente a Dios y todos los días le pido para que todos en Venezuela tengan un plato de comida nutritiva en el desayuno, almuerzo y cena.

Evitar el purismo lingüistico. “Aquí” llegué con un alto nivel de conocimiento en francés, pero luego toca adaptarse al acento de la región. Algunos se quejan y dicen que no entienden, pero lo asumen a regañadientes. Lo primero que hay que evitar es eso que llamo purismo lingüístico, pues aunque haya palabras, jergas  y modismos diferentes al Francés universal que uno aprende antes de venir, la estructura sigue siendo la misma. Es como el  extranjero que aprende español en Maracaibo o en Margarita; no tendrá el zezeo ibérico ni hablará en antepretérito, sino en pretérito (es decir, no dirá “he comido” sino “comí”), pero se podrá comunicar con otros hispanoparlantes. Lo mismo pasa aquí. Al principio es un poco duro, pero luego te apañas y hasta te diviertes, y en mi caso, aprendo a identificar acentos de otras latitudes (como el creole de los haitianos… ese si es duro).

Rechazo a los propios. Cada quien tiene sus razones, pero en ocasiones he escuchado a algunos venezolanos decir que prefieren estar lejos de otros venezolanos o de otros latinos, y para mí eso es un poco triste porque a veces creo que muy en el fondo tambien se rechazan a si mismos, aun cuando en su ser abunden las cualidades positivas del gentilicio. Afortunadamente, los venezolanos y latinos que están a mi alrededor son tremendas personas de las que he podido aprender un montón de cosas buenas y enriquecedoras.

Cultivar la paciencia. Aun la estoy sembrando pues todavía no me libro de la impaciencia. Si bien todo el que tiene mas tiempo que yo “Aquí” me dice que todo va a su propio ritmo, y que finalmente comprenderé por qué mi proceso migratorio duró tanto tiempo (5 años para ser exactos), el hecho de ver que todo es con cita para una o dos semanas después, o que las llamadas importantes pueden llegar a última hora de la tarde, pone a prueba mis nervios…ni hablar del pagos de tus trabajos ocasionales que pueden tardar quince días o mas, aunque hayas trabajado una tarde, o de las entrevistas de trabajo calificados a los que aplicaste seis o doce meses antes.

La nieve siempre ha estado aquí. La que va llegando soy yo (Foto: @anystasia_r)

Vivir el momento presente. Esto no lo aprendí por estos lares sino por mi paso por el Movimiento de los Focolares hace bastante tiempo. En ocasiones, uno puede preguntarse si ha valido la pena todo este cambio de vida que implica restricciones y sacrificios, pero al ver el vaso medio lleno y no medio vacío, aprendes a valorar el camino recorrido, y a disfrutar lo que se tiene en el momento. El problema ocurre cuando los lauros del pasado (reconocimiento, estilos de vida, entre otros) o las preocupaciones sobre los miles escenarios futuros (situación financiera, el trabajo de ensueño que aun no llega, las admisiones escolares, etc.) nublan nuestra capacidad de apreciar lo que está pasando.

ACERCARNOS A DIOS. Lo escribo bien grande porque papa Dios es el único que nos escucha, el que nos abre los caminos (a veces los cierra para mostrarnos otros). Yo soy creyente y mas alla de decir que esta experiencia pone a prueba mi fe, debo decir que la ha reforzado, pues desde que estoy “Aquí”, cada lunes llega una buena noticia, un ángel en forma de persona con una vela divina que me da luz en medio de las incertidumbres. Mantenerme en oración ha sido primordial. Orar por mí, que estoy “Aquí” y por los míos que están “Allá”.

Creo que he podido hacer un resumen de las cosas que he visto y aprendido “Aquí” en estos seis meses como nueva migrante. Como dije al principio, este es un proceso que cada uno vive de manera diferente, puede que tú y yo coincidamos en algunos puntos, en todos o en ninguno, pero es algo que quería compartir.

@anystasia_r
Montreal, 9 marzo 2017

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