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Posts Tagged ‘migración’

Empezaba el otoño cuando llegué “Aquí” (Foto: @anystasia_r)

“Aquí” puede ser cualquier lugar fuera de nuestra amada Venezuela (porque yo amo mi país, a pesar de todas las circustancias que me llevaron a dejarlo, y así como yo, hay unas cuantas personas más. Si no es tu caso, sigue la lectura, no pasa nada).

A seis meses de haber llegado a esta tierra de oportunidades, he tenido la ocasión de vivir momentos de sorpresa, asombro, alegrias, angustias, nostalgia, pero sobre todo, esperanza, y gracias a Dios, cada cosa ha dejado una enseñanza. Hoy quiero compartir varias cosas que he comprobado y otras que he aprendido:

– La migración es un proceso que vive cada quien, de manera individual, sea que llegues solo o en una familia, cada persona tiene expectativas, sueños y metas diferentes, el papá, la mamá, el hijo pequeño, el hijo adolescente;  y por eso no hay fórmulas que predigan cómo llegará el éxito por el hecho de poseer determinada carrera, experiencia laboral, o condición familiar.

– En ocasiones he leído viñetas y publicaciones que dicen que al llegar “Aquí”, te debes olvidar de lo que eras en tu país. Yo difiero de ese punto de vista, porque una cosa es dejar por un momento tu estilo de vida de allá, y otra, enterrar tus dones y talentos. Al menos a mí, este país me aceptó por mis estudios y experiencia para hacer un aporte, por lo tanto, no debo perder mi norte aunque al principio me toque empacar productos cosméticos. Si luego toca redireccionar la vocación, al menos le habré dado a mi saber-hacer la posibilidad de buscar un espacio para su desenvolvimiento.

– Con el tiempo aprendemos a desarrollar nuevas competencias: contar rápidamente una paleta de cajas embaladas, agudizar la motricidad fina mientras etiquetamos envases. Otros se empapan en los procesos de transporte de carga, aseo de establecimientos o asistiendo en la cocina de algún restaurante mientras buscan el empleo que mas se adapte a su perfil. Lo importante es no gastar los ahorros y enfocarnos en lo que nos trajo aqui: calidad de vida y crecimiento personal.

– Llenar la agenda para evitar la depresión. Ahora mismo, trabajo medio tiempo en un centro de llamadas donde me comunico, en inglés, francés y español, estudio para mejorar el idioma de Molière, organizo encuentros con mis compañeros de trabajo, busco un voluntariado, voy a la biblioteca, a la iglesia, al parque, me siento a observar la nieve, trato de disfrutar el frío el calor (cuando hay)… me lleno de actividades para que la incertidumbre que me invadía los primeros días al despertar y preguntarme “¿qué voy a hacer hoy?”, mientras miraba el techo de la habitación, no vuelva más.

Las actividades invernales también son divertidas (Foto: @anystasia_r)

De lo que nadie habla. Muchos migrantes alguna vez pasaron por el trabajo obrero. Sí, obrero, nada profesional, super agotador y que te permite pagar las cuentas. Pero nadie habla de ello hasta que se lo preguntas abiertamente. Bien por aquellos que no pasaron por eso en sus inicios, pero personalmente incitaría a otros, que como yo se iniciaron en esos entornos laborales, a contar los aprendizajes positivos que van mas allá del ingreso alimentario.

¿Volver a las aulas? Antes de mi partida, obviamente me informé de todos los procesos formales de la llegada pero hay otros tópicos que habría querido conocer con anticipación para prepararme mejor, como por ejemplo, el tema de los estudios como puente para una mejor integración laboral, pero poca gente habla de ello a pesar de lo común que es. De haber tenido más información sobre esas experiencias, quizás habría cuadrado mi llegada para hacerla coincidir con las admisiones a los programas colegiales o universitarios, pero como dije antes, pocos se manifiestan al respecto.

No es bueno contarle todo a la familia y menos a tu mamá. (Perdóname, mami pero es asi). Aunque tus padres sepan que estas  un poco más segura fuera del país, ante la mínima muestra de angustia que les dejes ver (una lágrima, ojos llorosos o voz entrecortada), lo primero que se imaginarán es que estas viviendo debajo de un puente con la nieve hasta el cuello. La cosa se pone peor cuando les dices que aun estas buscando trabajo o que tienes uno de ocasión. Solución: desahogarte con una tía de mente abierta, un amigo, tus hermanos o alguien que no juzgue tu decisión.

La ayuda alimentaria varía de entrega en entrega. (Foto: @anystasia_r)

Me puedo alimentar bien. El “Aquí” donde me encuentro me ofrece una oportunidad increíble con la ayuda alimentaria periódica y por tiempo limitado. Esto es algo que agradezco infinitamente a Dios y todos los días le pido para que todos en Venezuela tengan un plato de comida nutritiva en el desayuno, almuerzo y cena.

Evitar el purismo lingüistico. “Aquí” llegué con un alto nivel de conocimiento en francés, pero luego toca adaptarse al acento de la región. Algunos se quejan y dicen que no entienden, pero lo asumen a regañadientes. Lo primero que hay que evitar es eso que llamo purismo lingüístico, pues aunque haya palabras, jergas  y modismos diferentes al Francés universal que uno aprende antes de venir, la estructura sigue siendo la misma. Es como el  extranjero que aprende español en Maracaibo o en Margarita; no tendrá el zezeo ibérico ni hablará en antepretérito, sino en pretérito (es decir, no dirá “he comido” sino “comí”), pero se podrá comunicar con otros hispanoparlantes. Lo mismo pasa aquí. Al principio es un poco duro, pero luego te apañas y hasta te diviertes, y en mi caso, aprendo a identificar acentos de otras latitudes (como el creole de los haitianos… ese si es duro).

Rechazo a los propios. Cada quien tiene sus razones, pero en ocasiones he escuchado a algunos venezolanos decir que prefieren estar lejos de otros venezolanos o de otros latinos, y para mí eso es un poco triste porque a veces creo que muy en el fondo tambien se rechazan a si mismos, aun cuando en su ser abunden las cualidades positivas del gentilicio. Afortunadamente, los venezolanos y latinos que están a mi alrededor son tremendas personas de las que he podido aprender un montón de cosas buenas y enriquecedoras.

Cultivar la paciencia. Aun la estoy sembrando pues todavía no me libro de la impaciencia. Si bien todo el que tiene mas tiempo que yo “Aquí” me dice que todo va a su propio ritmo, y que finalmente comprenderé por qué mi proceso migratorio duró tanto tiempo (5 años para ser exactos), el hecho de ver que todo es con cita para una o dos semanas después, o que las llamadas importantes pueden llegar a última hora de la tarde, pone a prueba mis nervios…ni hablar del pagos de tus trabajos ocasionales que pueden tardar quince días o mas, aunque hayas trabajado una tarde, o de las entrevistas de trabajo calificados a los que aplicaste seis o doce meses antes.

La nieve siempre ha estado aquí. La que va llegando soy yo (Foto: @anystasia_r)

Vivir el momento presente. Esto no lo aprendí por estos lares sino por mi paso por el Movimiento de los Focolares hace bastante tiempo. En ocasiones, uno puede preguntarse si ha valido la pena todo este cambio de vida que implica restricciones y sacrificios, pero al ver el vaso medio lleno y no medio vacío, aprendes a valorar el camino recorrido, y a disfrutar lo que se tiene en el momento. El problema ocurre cuando los lauros del pasado (reconocimiento, estilos de vida, entre otros) o las preocupaciones sobre los miles escenarios futuros (situación financiera, el trabajo de ensueño que aun no llega, las admisiones escolares, etc.) nublan nuestra capacidad de apreciar lo que está pasando.

ACERCARNOS A DIOS. Lo escribo bien grande porque papa Dios es el único que nos escucha, el que nos abre los caminos (a veces los cierra para mostrarnos otros). Yo soy creyente y mas alla de decir que esta experiencia pone a prueba mi fe, debo decir que la ha reforzado, pues desde que estoy “Aquí”, cada lunes llega una buena noticia, un ángel en forma de persona con una vela divina que me da luz en medio de las incertidumbres. Mantenerme en oración ha sido primordial. Orar por mí, que estoy “Aquí” y por los míos que están “Allá”.

Creo que he podido hacer un resumen de las cosas que he visto y aprendido “Aquí” en estos seis meses como nueva migrante. Como dije al principio, este es un proceso que cada uno vive de manera diferente, puede que tú y yo coincidamos en algunos puntos, en todos o en ninguno, pero es algo que quería compartir.

@anystasia_r
Montreal, 9 marzo 2017

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panama-para-los-panamenos

En este momento hay un revuelo por la cadena humana que se llevará a cabo en Panamá mañana 20 de noviembre de 2016 en contra de la migración descontrolada de extranjeros (y se ha hecho énfasis en los venezolanos). Tengo amigos panameños que me explican sus razones y me dicen que la situación es la acumulación de años de “recurrente mala conducta” de muchos venezolanos allá, que no se trata reciente  la ola de connacionales que llegan al itsmo.

Antes de satanizar a los panameños, recordemos que gobierno y ciudadania bolivariana tienen tambien responsabilidad en esto. ¿Se acuerdan de los raspacupos como empresas consolidadas para el mercado venezolano? ¿De las empresas de maletin para la adjudicacion de dolares baratos? ¿De la dueda del gobierno con Zona Libre de Colon? ¿Alguien en Venezuela escucho hablar de Rita García? ¿O del bachaqueo de cupos de extranjería? (porque hasta esa mala práctica parece que llegó con algunos venezolanos allá).

Sin animos de desmoralizar a mis compatriotas que expresan su indignación en las redes sociales, creo que es importante hacer una reflexión sobre la conducta de los que pudieron antecedernos en la llegada a otras tierras para no cometer los mismos errores, porque lamentablemente, lo que hicieron unos, lo pagamos otros.

Vale la pena recordar que la situacion de incomodidad en las sociedades de acogida, no es exclusiva de Panamá, pues tambien se han recogido experiencias en otras latitudes, lo cual nos debería llevar a pensar que algo pasa.

Yo también soy migrante, pero antes de montarme en este viaje me leí la cartilla de mis deberes y derechos para llegar de forma legal. Y una de las cosas que he entendido en mi andar por distintas latitudes es que debemos prepararnos para ser ciudadanos del mundo, pues de esa manera la activacion de la memoria se torna global, antes que selectiva, sin que ello implique denigrar de lo propio.

Mañana, Panamá no va a protestar contra el inversionista, contra el estudiante, el jubilado o el que migró para trabajar honestamente. Ellos alzaran su voz contra el arrogante, el que con su viveza criolla ha dañado y lastimado a los suyos en su territorio.

Puede que luego de esta publicación me llamen trumpista por sugerir la deportación de todo aquel que estando allá legal o ilegalmente, haya cometido alguna falta aunque sea pequeña, pero antes de indignarme contra los panameños, lo hago contra aquellos venezolanos que con sus acciones nos cierran las puertas a otros.

Mi solidaridad con los panameños.

@anystasia_r

Montreal, 19 noviembre 2016

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La reciente y trágica muerte de Mónica Spears ha despertado  una serie de sentimientos encontrados no solo en los venezolanos sino en el mundo occidental, especialmente el hispano. Y es que la inseguridad en Venezuela no tiene dos días, pero en este caso, la víctima fue una figura pública que gozaba del cariño de muchas  personas quienes en medio de la polarización política que vivimos, encontraron en ella un punto de encuentro, porque fue Miss Venezuela 2004, porque era actriz venezolana de renombre internacional, o porque los de uno y otro bando ideológico la disfrutamos como María Esperanza, Mi prima Ciela, Flor Salvaje o la mujer perfecta.

Aquí han matado desde guardaespaldas de funcionarios hasta familiares de ministros, y la reacción de muchos es “a ver si eso les enseña que ni ellos mismo están a salvo”, pero con Mónica eso no sucedió, especialmente porque ella le puso rostro a las muertes de los cientos de miles de caídos en estos años de experimentación de una veintena de planes de seguridad infructuosos, pues así como nadie quiere que la protagonista de la novela se muera, nadie quiere ver partir trágicamente a un hijo por una bala perdida, un atraco por un celular, un enfrentamiento de bandas, entre otros.

Muchas han sido las reacciones en torno al tema. La más polémica ha sido la de Gaby Espino, quien  dijo que no vendría más al país, y creo que está en su legítimo derecho no solo de expresar esa opinión personal sino también en exigir respeto por eso. Estoy segura de que hay muchos en el medio artístico con deseos de manifestar lo mismo, unos que se quieren ir, otros que se quieren quedar y otros que no quieren volver, pero tal vez no lo hagan por temor a los cuestionamientos.

Bastante  se ha escrito sobre las razones que tienen los venezolanos para irse o para quedarse y no voy a redundar en eso, más bien quiero hacer un llamado al respeto por el otro, sea cual sea su decisión, ya que en estos años he visto mucha gente partir, mucha gente quedarse, algunos que se regresan y otros que se vuelven a ir. Unos  piensan en el que dirán y otros en lo que dirán para persuadir, por lo que comenzamos a escuchar y leer expresiones como estas “apátrida que no amas a Venezuela y no te quedas para luchar” o “ustedes están así porque les da la gana, ¿qué hacen que no se van?”; “la inseguridad está en todos lados, hasta en los países desarrollados” o  “allá ustedes con la policía corrupta de Venezuela”.  Y es cuando me pregunto a mí misma, ¿es que nadie se puede ir sin que los buenos deseos no suenen a reproche, o sin que el “hasta pronto” se sienta como “quién sabe cuando te volveremos a ver”?

Entonces comienza la configuración de un “otro” entorno a la migración, uno siempre será el sufrido , el “yo” que me quedo / me voy, y otro que será señalado, el “tu”,  que te vas/ te quedas. Por  ejemplo, revisando foros de personas con deseos de irse o ya idos del país, me encontré con esto:

Para mí ha sido muy común escuchar a algunos (gracias a dios no son todos) expat que hablan así de la migración, como si no hubiese sido una decisión con pros y contras, sino más bien una hazaña equiparable a la del príncipe de Disney que rescata a la princesa del castillo luego de enfrentarse con el dragón, y al que hay que darle un reconocimiento moral.

Por otro lado, algunos venezolanos que siguen acá, que trabajan como el que se va al extranjero (o sea, todos los días), que tienen una segunda nacionalidad o una carrera prioritaria para otro país,  cantan la canción de Carlos Baute y dicen que no se van porque no van a pasar frío, no van a pagar impuestos, no van a trabajar en Mc Donald en el exterior cuando nunca lo hicieron en su tierra, o simplemente no se quieren separar de la familia. Tal vez ahora mismo esté cayendo en algún juicio de valor, pero es algo a lo que nadie puede escapar. Lo importante es el reconocimiento del otro como iguales, ni mejor, ni peor.

Cada uno tiene sus razones para irse, para volver o para quedarse, y TODAS SON VÁLIDAS; podemos hacer recomendaciones y advertencias, pero ya basta de hacer juicios y recriminaciones a las decisiones de los demás, que son tan venezolanos como tú y como yo, ya que la vida da muchas vueltas y mañana no sabemos en qué lugar estaremos.

Si la vida te sonríe dentro o  fuera de nuestras fronteras, disfrútala, pero no señales al que se va, se queda o vuelve. Si tanto quieres al país y a los que estamos aquí, actívate y cumple tus deberes ciudadanos. Si te quedas o te vas, chévere, pero deja de cuestionar al otro.

ANY RIERA

Maracaibo,  11 de enero de 2014

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