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Posts Tagged ‘medicinas’

Basta con decir su nlazo-negro-luto-1ombre y recordar los innumerables momentos vividos en mi casa y en la de mi abuela. Nada tiene que ver con la novia de los pranes de Venezuela, Jimena Araya.

Rosita ahora forma parte de las memorias que guardo del país en el que nací y crecí, pues recientemente falleció de una septicemia, producto de la desidia gubernamental y anomia que ha traído como consecuencia la supervivencia del más fuerte (del que más tiene o del que más se haga escuchar) en la nación con las mayores reservas de petróleo en el mundo.

Para mí, Rosita mostró el rostro de la indiferencia social con la que muchas veces se mira a los pueblos indígenas del país, los cuales siempre han padecido el desabastecimiento, y que a cuenta de vivir y movilizarse bajo el estigma del contrabando, las autoridades se han hecho la vista gorda para permitir estas “prácticas comerciales” que conllevan a la generalización negativa de una comunidad, en lugar de procurar la igualdad de oportunidades para ellos.

Y es que antes de que Venezuela llegara a la extrema y degradante situación de escasez y desabastecimiento que sufre hoy día, los habitantes de la Goajira debían trasladarse a Maracaibo a comprar comida y medicinas, a realizar consultas médicas y operaciones quirúrgicas, porque tanto los camiones de insumos como el recurso humano para el desarrollo de la subregión a duras penas llegaban a una parte de la penísula, para no exponerse a la inseguridad.

Ahora bien, con el auge de la migración forzosa de más y más indígenas a Maracaibo y otros centros urbanos, también recrudeció los señalamientos bajo el mote de “bachaqueros”. Vale decir que si bien es cierto que hay grupos organizados que se han encargado de fortalecer la etiqueta entre sus paisanos, también hay mucho alijuna que ejecuta estas prácticas malsanas que nos afectan a todos, pero que, a la hora de la verdad, no reciben (ni recibirán) el mismo trato de los autóctonos.

En más de una ocasión, Rosita llegó a la casa llorando, enojada con el gobierno y con la sociedad cuando iba al supermercado a comprar algo para mi abuela, o el arroz regulado que se vendía ese día para llevar a su casa, porque la tildaban de bachaquera  debido a que sus facciones y su particular manta delataban su origen.

Ahora soy yo quien llora la muerte de Rosita, pues su deceso forma parte de esos fallecimientos silenciosos que no contaron con una cadena de whatsapp para buscar el antibiótico que necesitaba, con una imagen viral en Instagram, twitter o Facebook, o con un llamado de servicio público en la televisión, porque sencillamente eso no estaba a su alcance, ni era fácil saber de ella debido al aislamiento de una comunidad.

Rosita dejó cinco hijos que nunca conocimos pero que sabíamos que los tenía porque con cada embarazo bromeaba con llamarlos con mi nombre o el de alguno de mis hermanos, como muestra de afecto a mi familia.

Descansa en paz y en la gloria de Dios, Rosita.

 

@Anystasia_r

Montreal, 16 octubre 2016

 

P.S. Muchos se preguntarán si tengo ascendencia indígena, y ante la interrogante respondo que no, pero el haber convivido con los empleados del trabajo de mi mamá, las cuidadoras de mi abuela o las muchachas del servicio doméstico, me ha enseñado realidades socioculturales que van más allá de lo que resulta visible en la calle. De ahí el respeto a una comunidad y mi llamado a no generalizar.

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