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Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog. Gracias a todos los que me han leído hasta este momento.  En 2015 espero más interacciones.  Una vez mas…. gracias!!!!

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 520 veces en 2014. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 9 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

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mujer-musulmana-maltratadaUna de las primeras noticias que encontré ayer en la prensa  fue la decisión del Estado Islámico de ordenar la ablación de todas las mujeres y niñas en el norte de Irak, cosa que me parece sumamente terrible en el siglo XXI, donde el concierto de naciones ha tipificado esa práctica como una violación a los DD.HH., más allá de que algunas sociedades lo consideren una tradición. De acuerdo con la información, este acto era casi inexistente en el país hasta que al grupo fundamentalista se le ocurrió imponerlo con las armas y en nombre de la moralidad. Sin embargo, desde la tranquilidad de mis aposentos no dejo de pensar en esa posibilidad tan lejana y a las vez cercana, en la que una mujer como yo, una joven como mi hermana o una niña como las hijas de mis amigas deban pasar por la terrible mutilación que indudablemente dejará secuelas en sus cuerpos y en su psique.

Vivimos en un mundo globalizado, un mundo 2.0 en el que cada día somos testigos de la capacidad que tiene el ser humano de hacer el mal a los demás (decapitaciones casi televisadas, desapariciones y desintegraciones de cuerpos en México, abortos de fetos femeninos en la India, atentados  explosivos con daños a inocentes, entre otros) , y más allá de las distancias que separan una realidad de otra (Occidente-Medio Oriente-Lejano Oriente) creo que deberíamos reflexionar sobre el hacer y la cultura de cada una, desde perspectivas histórica, sociológica y antropológica, sin caer en el tentador redencionismo/reduccionismo  hollywoodense, pues no tenemos la certeza de que siempre estaremos “a salvo”,dado que en cada contexto cultural, los excesos están presentes.

Hoy estamos “tranquilos” “en casa”, en un ambiente particular, pero mañana puede que las condiciones políticas de nuestro entorno  cambien y terminemos repitiendo/viviendo las atrocidades de otras latitudes, gracias a la inercia mental de algunos, quienes ven acontecimientos (como los mencionados arriba) como situaciones imposible de ocurrir en nuestra sociedad; a ello agreguemos la espectacularidad con que se manejan ciertos hechos, donde la viralidad de los contenidos efímeros se visibilizan exponencialmente, lo cual  aumenta el riesgo de hacernos caer en el peligroso letargo que no permite un análisis a fondo de  situaciones desconocidas por nosotros, pero de vieja data en lugares remotos de la tierra.

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Mi exhortación es a detenernos un momento a (re)pensar nuestro planeta y poner en común las preocupaciones que puedan surgir, a que seamos ciudadanos del mundo más allá de conocer nuestros deberes y derechos en el entorno más cercano, a elevar nuestra voz,  pues hoy estamos “tranquilos” “en nuestras casas”, pero mañana puede que nuestros objetivos personales o profesionales nos lleven  a vivir en una región en conflicto, en un país aliado, alineado o no a una tendencia política, militar o cultural, y en un pestañear,  la vida nos cambie radicalmente hacia lo que nunca creímos que fuera posible, allí, al ladito de nosotros.

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Maracaibo, 8 septiembre 2014

@anystasiaR

 

A veces creo que la arrogancia de las personas no solo se evidencia en la sobrevaloración que pueden tener de si mismas, sino también en la subestimación sarcástica que se hace. Por ejemplo, hoy en la radio escuché a un reconocido cardiólogo que contaba una anécdota sobre cómo el director de un departamento médico en la Universidad de Hardvard (o de Stanford, no recuerdo bien) le pedía su opinión en la evaluación de las credenciales de otros especialistas. Todo iba bien hasta que contó que varias veces se preguntó con asombro, cómo un destacado investigador, de una de las mejores universidades del mundo, pensó en él para esa evaluación, y se llamó a sí mismo “este pobre indio venezolano”.

Lamentablemente en nuestro país estamos acostumbrados a ver a las personas exitosas como una excepción y no como la regla, pero me parece poco humilde y de mal gusto apelar a etiquetas que refuerzan un estereotipo, por lo general con connotaciones negativas, bajo un halo de discriminación positiva.

Este cardiólogo, como muchos otros profesionales que ha parido nuestro país, sumó méritos para ser tomado en cuenta a la hora de dar una opinión de envergadura dentro de su campo de estudio. Allí no valió si era rico o era pobre, pues así como pudo pagar sus estudios con su propio peculio, quien quita que haya obtenido una beca de la antigua Fundayacucho, o de algún organismo internacional.

Si era indio, negro, blanco, amarillo, verde o azul, eso es irrelevante en un país donde hasta hace poco no existían las etiquetas como afrodescendiente, y decir a alguien “negrito” nunca fue un insulto sino un apodo de confianza.

Por otro lado, creo que el apelativo “pobre indio venezolano” demuestra a su vez la baja autoestima que algunos tienen de si mismos, pese a todos los méritos académicos y profesionales que puedan obtener a lo largo de la vida, y particularmente incluyo a nuestra región, porque en ocasiones he escuchado expresiones como éstas de la boca de otros latinoamericanos.

Asimismo, caer en eso que Carolina Jaimes Branger llama “el pobrecitismo”, no es más que tener una excusa barata para intentar generar  lástima o dejar pasar una falta, cosa que en otras sociedades ya se superó (o nunca existió) y por ello avanzaron.

¿Acaso la condición de pobreza material, el pertenecer a alguna etnia indígena o ser venezolano ha sido un impedimento para que muchos alcancen su desarrollo personal y profesional? Yo creo que no, más bien considero que las barreras mentales las construye cada quien según la realidad y/o las oportunidades que quiera ver, por lo que  el esfuerzo será directamente proporcional.

Que vivimos en una sociedad llena de desigualdades, es cierto, pero considero que es mejor aprovechar nuestros dones y talentos para mitigarlas, en lugar de reforzarlas, pues a mi juicio, todos tenemos el derecho a llegar lejos, pero también el deber de contribuir con un mundo mejor a través de nuestros actos colaborativos, por muy come-flor que suene.

De pobres, indios y venezolanos está lleno el mundo, pero se necesita más que etiquetas para lograr lo que se quiera.

 

Maracaibo, 6 de agosto de 2014

@AnystasiaR

Porque soy  universitaria, me siento en la necesidad de expresar mi más profundo rechazo ante los hechos de violencia  que  se viven en los espacios que deberían ser escenarios de respuestas racionales y trascendentes, las universidades.

Desde hace rato, nuestro país ha experimentado  una dinámica que va de extremo a extremo en cuanto a acciones y reacciones en todos los sectores de la sociedad, y poco a poco vemos cómo han bajado los niveles de convivencia y ciudadanía para la resolución de conflictos hasta llegar a ver cierto episodios  como “normales”, por ejemplo,  gente peleando por algún alimento de primera necesidad, personas que se “cuelan” porque “la cola está larga” en el supermercado, familias que colocan portones en las urbanizaciones, cuyas calles siempre fueron de acceso público por causa de la inseguridad, o el acto de generar incendios para manifestar contra una o todas las instituciones de gobierno.

En las últimas semanas he visto con preocupación cómo la energía de algunos  jóvenes universitarios pareciera emplearse para la destrucción y no para la construcción de un país, en el marco de una protesta antigobierno. Las reacciones  de muchas personas parecieran cónsonas,  luego de que el Tribunal Supremos de Justicia prohibiera el derecho a la protesta consagrado en la carta magna venezolana, una acción extrema realizada por el gobierno, cuya respuesta no se hizo esperar: los jóvenes y parte de la sociedad civil salieron a las calles a medir fuerzas. Por si fuera poco, el desalojo violento y la detención de los participantes en  los llamados “campamentos por la paz” evidencian el carácter represivo de la fuerza pública ante todo lo que se constituya como una forma de disidencia al gobierno. De manera pues, que hay razones para pensar que el camino de la violencia podría ser la vía de la resolución del conflicto, pero ¿a qué costo? ¿Realmente se resolvería el problema?

Recordemos las palabras de Jóvito Villalba, miembro de la llamada Generación del 28,  quien decía que la universidad abierta es el último refugio de la patria, es el espacio para construir libertades. Esa generación estuvo conformada por personas que no solamente querían una Venezuela libre de la dictadura de principios del siglo XX, sino que también vieron en la educación, en especial  la universitaria, un elemento fundamental para  el desarrollo de una nación mayoritariamente analfabeta, rural y que estaba a los albores de la economía petrolera. Entre los miembros de la Generación del 28 se encontraban Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Andrés Eloy Blanco, Juan Oropeza, Raúl Leoni, Rafael Vegas, Humberto Tejera, Gustavo Machado, Jose Pio Tamayo, Edmundo Fernández, Juan Bautista Fuenmayor, Germán Suárez Flamerich, y otros, muchos de los cuales hicieron carrera política y tienen un sitio en la historia de Venezuela.

Hoy, a principios del siglo XXI, vemos una reducción significativa de las libertades y la calidad de vida en nuestro país, a pesar del ingreso de dinero que por concepto de renta petrolera ha recibido Venezuela en los últimos dos lustros, y que supera con creces lo percibido en los años ’70. Sin embargo, pareciera que luego de décadas  de apertura educativa en todos los niveles, hay menos aprecio al sentido de convivencia, al cumplimiento de los deberes,  al respeto de los derechos, no solo por parte de del gobierno, sino también del ciudadano, y las discusiones sobre política quedan reducidas, por un lado, a la mención superficial  de conceptos que se manejan sin tener claridad de las implicaciones, contextos y perspectivas históricas (como cuando empiezan a hablar de socialismo, comunismo, capitalismo, democracia, adoctrinamiento, dictadura, chavismo, perejimenizmo – por cierto, este último muy nombrado y hasta anhelado por algunos que no se han tomado la molestia de conocer las características de ese período-), y por el otro, a echarle la culpa al pasado. Entonces me pregunto, ¿qué pasa con el futuro?

Para mí, la clave del futuro está en la educación y por eso debemos defender el derecho a la educación libre de calidad  y a la libertad de enseñanza, de manera que no solamente podamos  tener la oportunidad de escoger el camino que deseamos tomar para prepararnos como profesionales, sino que todas y cada una de las áreas del conocimiento tengan la misma oportunidad de proveernos satisfacciones económicas y el crecimiento personal que deseamos, dentro de nuestro país, de manera que la emigración sea UNA opción, y no LA opción de muchos.

Refugio de la patria

Hoy más que nunca, las universidades deben ser espacios abiertos para la discusión de ideas,  la pluralidad y la convivencia, donde el ejercicio de la ciudadanía no sea un simulacro del deber ser sino un laboratorio de experiencias constructivas, que  desde el conocimiento se den respuestas a los conflictos y no a través de una quema de caucho diaria, que cercena el libre tránsito y la salud de otros.

Lo que sucede en Venezuela debe ser estudiado,  analizado y comparado con realidades vividas en otros momentos, en otras latitudes del mundo; debe ser documentado, debe ser objeto de discusión y sobre todo, debe ser el punto de partida para generar alternativas de cambio, y esa oportunidad la tenemos desde las universidades.

Allí la juventud, con todo el espíritu contestatario que algunos le adjudican, se convierte en un factor de cambio, que va más allá de lo que algunos pretenden hacer ver como “normal”,  mediante las acciones de calle que se esconden detrás de una máscara o capucha (con la excusa de no tener garantías en el ejercicio del derecho a la protesta),  para ir a  quemar cauchos, secuestrar vehículos o lesionar la infraestructura educativa y sus alrededores con el fin de rebelarse contra el sistema, bajo el estatus de estudiante y esgrimiendo una mal entendida autonomía universitaria. Eso es vandalismo y se coloca al mismo nivel de irracionalidad con la que han actuado varios de los funcionarios encargados del orden público en los últimos días; se compara con los ladrones de banco que toman de rehenes a inocentes  para que no los ataquen, y hasta se compara con el presidente de la república, quien no conoció el refugio de la patria y hoy día se hace de la fuerza pública para reprimir y anular toda forma disidencia, en aras de la imposición de una visión de país.

Porque soy universitaria creo en las aulas abiertas, creo en el derecho a la libertad de enseñanza y en la diversidad de pensamientos, creo que la madurez política de nuestros estudiantes radica en la coherencia de su hacer y pensar, y en el sentido crítico sobre lo que sucede a su alrededor independientemente de su tendencia, creo que la violencia no es el camino, creo en la globalidad del conocimiento que se origina en entornos locales, en definitiva, creo en la educación libre y de calidad  como poder de cambio.  Allí está el futuro.

 

Any Riera

Maracaibo, 20  de mayo de 2014

En una nación con aproximadamente 28 millones de habitantes, de las cuales el padrón electoral dice que son alrededor de 10 millones los mayores de edad, a grosso modo pudiéramos pensar que 5 millones tienen tarjeta de crédito, es decir que pueden optar por el permiso gubernamental para obtener dólares y hacer viaje al exterior, pues excluyo a los muy jóvenes o muy mayores, a quienes no se les otorga este instrumento de pago por parte de la mayoría de los bancos. En el supuesto de que TODOS se fueran de viaje y se gastaran los 3.000 dólares de la tarjeta+500 de efectivo + 400 de internet, los USD 19.500.000.000 no se comparan con todo el dinero que deja de entrar por la regaladera de petróleo y las dádivas a los “países amigos” del régimen, con las importaciones de empresas de maletín que el mismo gobierno nacional denuncia y “averigua” pero ni sanciona ni persigue, mucho menos con las partidas de viajes y viáticos para los distintos personeros del gobierno (comitiva incluida) a países y sesiones de trabajos que no le dejan nada al país.

Resulta que en mi estadística ojoporcentual, de los 5 millones de usuarios de tarjetas de crédito, no todos gastamos anualmente los distintos cupos de dólares, y me atrevería a pensar que somos mucho más del millon de personas los que nos encontramos en ese grupo, ya que no siempre se puede viajar, dado que hay otras necesidades que cubrir.

Sin embargo, cada día queda demostrado que en Venezuela hay presunción de culpabilidad, pues vale mas promulgar leyes que no se van a cumplir, para luego terminar cortando rabo y oreja a todos por igual, el que “raspó el cupo” en tres días, el que se dio el gusto de hacer el viaje de su sueño por Europa, Disney o cualquier otro lugar, el que se fue a conocer al nieto que nacía en otro país, el que quiso ir a Colombia a ver si era verdad que estaban mejor que nosotros, el que se fue a visitar al familiar o amigo que dejó el país para buscar un mejor futuro, el que pasó unos días en Aruba o Curasao porque le resultaba más seguro y barato que Margarita o Los Cayos, y pare usted de contar.

Que el mercado paralelo ha crecido desaforadamente, eso es cierto, ¿pero por qué los mismos que propusieron y avalaron una ley de ilícitos cambiarios no la hicieron cumplir?

Que pasamos de una tasa fija de Bs. 6,30 al sistema de bandas, eso no tiene otro nombre que devaluación, y se veía venir. Lo realmente delicado y preocupante es el recorte de libertades en cámara lenta. ¿Por qué si detectaron las irregularidades en el auge del “turismo raspadero“, no se hicieron los cruces de data respectivos para frenar dichas inconsistencias? ¡Nooo!, resulta que ha sido más fácil decretar el recorte en las asignaciones de divisas, primero con Colombia, Panamá y algunas islas del Caribe, y ahora con los otros nuevos países que se anexaron. Asimismo, se redujo el cupo electrónico y las remesas familiares, porque ahora para el gobierno nacional, todos los que podemos acceder a estos derechos somos “chanchulleros”, “vendecupos” o “raspacupos” hasta que se demuestre lo contrario.

Por todo lo antes expuesto, no me vengan con el cuento de que la economía en nuestro país se está desangrando por los culpa de lo “raspacupos”.

ANY RIERA

Maracaibo, 25 de enero 2014

dolares-cadivi

La reciente y trágica muerte de Mónica Spears ha despertado  una serie de sentimientos encontrados no solo en los venezolanos sino en el mundo occidental, especialmente el hispano. Y es que la inseguridad en Venezuela no tiene dos días, pero en este caso, la víctima fue una figura pública que gozaba del cariño de muchas  personas quienes en medio de la polarización política que vivimos, encontraron en ella un punto de encuentro, porque fue Miss Venezuela 2004, porque era actriz venezolana de renombre internacional, o porque los de uno y otro bando ideológico la disfrutamos como María Esperanza, Mi prima Ciela, Flor Salvaje o la mujer perfecta.

Aquí han matado desde guardaespaldas de funcionarios hasta familiares de ministros, y la reacción de muchos es “a ver si eso les enseña que ni ellos mismo están a salvo”, pero con Mónica eso no sucedió, especialmente porque ella le puso rostro a las muertes de los cientos de miles de caídos en estos años de experimentación de una veintena de planes de seguridad infructuosos, pues así como nadie quiere que la protagonista de la novela se muera, nadie quiere ver partir trágicamente a un hijo por una bala perdida, un atraco por un celular, un enfrentamiento de bandas, entre otros.

Muchas han sido las reacciones en torno al tema. La más polémica ha sido la de Gaby Espino, quien  dijo que no vendría más al país, y creo que está en su legítimo derecho no solo de expresar esa opinión personal sino también en exigir respeto por eso. Estoy segura de que hay muchos en el medio artístico con deseos de manifestar lo mismo, unos que se quieren ir, otros que se quieren quedar y otros que no quieren volver, pero tal vez no lo hagan por temor a los cuestionamientos.

Bastante  se ha escrito sobre las razones que tienen los venezolanos para irse o para quedarse y no voy a redundar en eso, más bien quiero hacer un llamado al respeto por el otro, sea cual sea su decisión, ya que en estos años he visto mucha gente partir, mucha gente quedarse, algunos que se regresan y otros que se vuelven a ir. Unos  piensan en el que dirán y otros en lo que dirán para persuadir, por lo que comenzamos a escuchar y leer expresiones como estas “apátrida que no amas a Venezuela y no te quedas para luchar” o “ustedes están así porque les da la gana, ¿qué hacen que no se van?”; “la inseguridad está en todos lados, hasta en los países desarrollados” o  “allá ustedes con la policía corrupta de Venezuela”.  Y es cuando me pregunto a mí misma, ¿es que nadie se puede ir sin que los buenos deseos no suenen a reproche, o sin que el “hasta pronto” se sienta como “quién sabe cuando te volveremos a ver”?

Entonces comienza la configuración de un “otro” entorno a la migración, uno siempre será el sufrido , el “yo” que me quedo / me voy, y otro que será señalado, el “tu”,  que te vas/ te quedas. Por  ejemplo, revisando foros de personas con deseos de irse o ya idos del país, me encontré con esto:

Para mí ha sido muy común escuchar a algunos (gracias a dios no son todos) expat que hablan así de la migración, como si no hubiese sido una decisión con pros y contras, sino más bien una hazaña equiparable a la del príncipe de Disney que rescata a la princesa del castillo luego de enfrentarse con el dragón, y al que hay que darle un reconocimiento moral.

Por otro lado, algunos venezolanos que siguen acá, que trabajan como el que se va al extranjero (o sea, todos los días), que tienen una segunda nacionalidad o una carrera prioritaria para otro país,  cantan la canción de Carlos Baute y dicen que no se van porque no van a pasar frío, no van a pagar impuestos, no van a trabajar en Mc Donald en el exterior cuando nunca lo hicieron en su tierra, o simplemente no se quieren separar de la familia. Tal vez ahora mismo esté cayendo en algún juicio de valor, pero es algo a lo que nadie puede escapar. Lo importante es el reconocimiento del otro como iguales, ni mejor, ni peor.

Cada uno tiene sus razones para irse, para volver o para quedarse, y TODAS SON VÁLIDAS; podemos hacer recomendaciones y advertencias, pero ya basta de hacer juicios y recriminaciones a las decisiones de los demás, que son tan venezolanos como tú y como yo, ya que la vida da muchas vueltas y mañana no sabemos en qué lugar estaremos.

Si la vida te sonríe dentro o  fuera de nuestras fronteras, disfrútala, pero no señales al que se va, se queda o vuelve. Si tanto quieres al país y a los que estamos aquí, actívate y cumple tus deberes ciudadanos. Si te quedas o te vas, chévere, pero deja de cuestionar al otro.

ANY RIERA

Maracaibo,  11 de enero de 2014

Maracaibo, 16 de diciembre de 2013

Amigo y/o pariente expatriado venezolano que vienes a pasar navidad en tu país.

Ante todo recibe un cordial saludo de mi parte, pues tu venida me hace feliz sobre todo cuando ha pasado largo tiempo sin verte (meses, un año o años) y doy gracias a Dios por tener la oportunidad de encontrarme contigo aunque sea un momento, pues sé que la agenda está apretada, y estoy segura de que dedicarás un ratico a los amigos y familiares que te queremos.

Sin embargo, tomando en cuenta la experiencia del año pasado con algunos amigos y familiares que estuvieron por estos lares, en esta oportunidad te pido un favor, disfruta la navidad con quienes te rodean, y ten en cuenta que dada tu corta estancia, lo mejor es ser prudente y evitar las paranoias.

Ciertamente, nuestra Venezuela no es la misma que dejaste hace algún tiempo para buscar mejores oportunidades laborales, académicas o personales, probablemente esté peor, pero es algo que ya sabías, gracias a las noticias que circulan en nuestro mundo globalizado e interconectado, así que te daré algunas sugerencias para aprovechar tu visita:

  • Come de todo cuanto quieras, especialmente  porque estoy convencida de que donde llegues te recibirán con unos tequeños, pan de jamón o te reunirás a comer patacones, arepitas de pernil, y otras exquisiteces gastronómicas que no verás al regresar a tu nuevo hogar.
  •  Cuando llegues a una reunión, comenta lo bien que estás afuera y compara sólo si te lo preguntan, pues aunque los de adentro sepamos que nuestra economía y seguridad van en picada, queremos disfrutar tu compañía y no llover sobre mojado con nuestros pesares cotidianos.
  • Si no quieres tomar transporte público o conducir porque esta selva de concreto se ha vuelto más salvaje para ti, no lo hagas, pero no condiciones a los que están a tu alrededor para que te lleven y te traigan, ni pongas caras por el hecho de no poder (querer) salir de casa. Tal vez suene un poco duro, pero los que estamos acá nos armamos de prudencia y paciencia, que no es igual a conformismo.
  • Sé creativo frente la escasez antes de quejarte, pues como dije arriba ya sabías con anterioridad cuál era el panorama.

No pido que te autocensures, sino que disfrutes tu estancia en compañía de todos los que te queremos, porque en la medida que la pases bien, nosotros, los que nos quedamos después de las fiestas, también lo pasaremos, ya que nos dolería mucho entender tu visita como un sacrificio o un saludo a la bandera de tu parte.

Por si no te alcanza el tiempo para vernos, cara a cara aunque sea en una cola de centro comercial, deseo que pases una Feliz Navidad y un Venturoso Año Nuevo 2014.

ANY RIERA

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