Repensar la ciudadanía mundial

mujer-musulmana-maltratadaUna de las primeras noticias que encontré ayer en la prensa  fue la decisión del Estado Islámico de ordenar la ablación de todas las mujeres y niñas en el norte de Irak, cosa que me parece sumamente terrible en el siglo XXI, donde el concierto de naciones ha tipificado esa práctica como una violación a los DD.HH., más allá de que algunas sociedades lo consideren una tradición. De acuerdo con la información, este acto era casi inexistente en el país hasta que al grupo fundamentalista se le ocurrió imponerlo con las armas y en nombre de la moralidad. Sin embargo, desde la tranquilidad de mis aposentos no dejo de pensar en esa posibilidad tan lejana y a las vez cercana, en la que una mujer como yo, una joven como mi hermana o una niña como las hijas de mis amigas deban pasar por la terrible mutilación que indudablemente dejará secuelas en sus cuerpos y en su psique.

Vivimos en un mundo globalizado, un mundo 2.0 en el que cada día somos testigos de la capacidad que tiene el ser humano de hacer el mal a los demás (decapitaciones casi televisadas, desapariciones y desintegraciones de cuerpos en México, abortos de fetos femeninos en la India, atentados  explosivos con daños a inocentes, entre otros) , y más allá de las distancias que separan una realidad de otra (Occidente-Medio Oriente-Lejano Oriente) creo que deberíamos reflexionar sobre el hacer y la cultura de cada una, desde perspectivas histórica, sociológica y antropológica, sin caer en el tentador redencionismo/reduccionismo  hollywoodense, pues no tenemos la certeza de que siempre estaremos “a salvo”,dado que en cada contexto cultural, los excesos están presentes.

Hoy estamos “tranquilos” “en casa”, en un ambiente particular, pero mañana puede que las condiciones políticas de nuestro entorno  cambien y terminemos repitiendo/viviendo las atrocidades de otras latitudes, gracias a la inercia mental de algunos, quienes ven acontecimientos (como los mencionados arriba) como situaciones imposible de ocurrir en nuestra sociedad; a ello agreguemos la espectacularidad con que se manejan ciertos hechos, donde la viralidad de los contenidos efímeros se visibilizan exponencialmente, lo cual  aumenta el riesgo de hacernos caer en el peligroso letargo que no permite un análisis a fondo de  situaciones desconocidas por nosotros, pero de vieja data en lugares remotos de la tierra.

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Mi exhortación es a detenernos un momento a (re)pensar nuestro planeta y poner en común las preocupaciones que puedan surgir, a que seamos ciudadanos del mundo más allá de conocer nuestros deberes y derechos en el entorno más cercano, a elevar nuestra voz,  pues hoy estamos “tranquilos” “en nuestras casas”, pero mañana puede que nuestros objetivos personales o profesionales nos lleven  a vivir en una región en conflicto, en un país aliado, alineado o no a una tendencia política, militar o cultural, y en un pestañear,  la vida nos cambie radicalmente hacia lo que nunca creímos que fuera posible, allí, al ladito de nosotros.

ciudadania mundial

 

Maracaibo, 8 septiembre 2014

@anystasiaR

 

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