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Archive for 20 mayo 2014

Porque soy  universitaria, me siento en la necesidad de expresar mi más profundo rechazo ante los hechos de violencia  que  se viven en los espacios que deberían ser escenarios de respuestas racionales y trascendentes, las universidades.

Desde hace rato, nuestro país ha experimentado  una dinámica que va de extremo a extremo en cuanto a acciones y reacciones en todos los sectores de la sociedad, y poco a poco vemos cómo han bajado los niveles de convivencia y ciudadanía para la resolución de conflictos hasta llegar a ver cierto episodios  como “normales”, por ejemplo,  gente peleando por algún alimento de primera necesidad, personas que se “cuelan” porque “la cola está larga” en el supermercado, familias que colocan portones en las urbanizaciones, cuyas calles siempre fueron de acceso público por causa de la inseguridad, o el acto de generar incendios para manifestar contra una o todas las instituciones de gobierno.

En las últimas semanas he visto con preocupación cómo la energía de algunos  jóvenes universitarios pareciera emplearse para la destrucción y no para la construcción de un país, en el marco de una protesta antigobierno. Las reacciones  de muchas personas parecieran cónsonas,  luego de que el Tribunal Supremos de Justicia prohibiera el derecho a la protesta consagrado en la carta magna venezolana, una acción extrema realizada por el gobierno, cuya respuesta no se hizo esperar: los jóvenes y parte de la sociedad civil salieron a las calles a medir fuerzas. Por si fuera poco, el desalojo violento y la detención de los participantes en  los llamados “campamentos por la paz” evidencian el carácter represivo de la fuerza pública ante todo lo que se constituya como una forma de disidencia al gobierno. De manera pues, que hay razones para pensar que el camino de la violencia podría ser la vía de la resolución del conflicto, pero ¿a qué costo? ¿Realmente se resolvería el problema?

Recordemos las palabras de Jóvito Villalba, miembro de la llamada Generación del 28,  quien decía que la universidad abierta es el último refugio de la patria, es el espacio para construir libertades. Esa generación estuvo conformada por personas que no solamente querían una Venezuela libre de la dictadura de principios del siglo XX, sino que también vieron en la educación, en especial  la universitaria, un elemento fundamental para  el desarrollo de una nación mayoritariamente analfabeta, rural y que estaba a los albores de la economía petrolera. Entre los miembros de la Generación del 28 se encontraban Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Andrés Eloy Blanco, Juan Oropeza, Raúl Leoni, Rafael Vegas, Humberto Tejera, Gustavo Machado, Jose Pio Tamayo, Edmundo Fernández, Juan Bautista Fuenmayor, Germán Suárez Flamerich, y otros, muchos de los cuales hicieron carrera política y tienen un sitio en la historia de Venezuela.

Hoy, a principios del siglo XXI, vemos una reducción significativa de las libertades y la calidad de vida en nuestro país, a pesar del ingreso de dinero que por concepto de renta petrolera ha recibido Venezuela en los últimos dos lustros, y que supera con creces lo percibido en los años ’70. Sin embargo, pareciera que luego de décadas  de apertura educativa en todos los niveles, hay menos aprecio al sentido de convivencia, al cumplimiento de los deberes,  al respeto de los derechos, no solo por parte de del gobierno, sino también del ciudadano, y las discusiones sobre política quedan reducidas, por un lado, a la mención superficial  de conceptos que se manejan sin tener claridad de las implicaciones, contextos y perspectivas históricas (como cuando empiezan a hablar de socialismo, comunismo, capitalismo, democracia, adoctrinamiento, dictadura, chavismo, perejimenizmo – por cierto, este último muy nombrado y hasta anhelado por algunos que no se han tomado la molestia de conocer las características de ese período-), y por el otro, a echarle la culpa al pasado. Entonces me pregunto, ¿qué pasa con el futuro?

Para mí, la clave del futuro está en la educación y por eso debemos defender el derecho a la educación libre de calidad  y a la libertad de enseñanza, de manera que no solamente podamos  tener la oportunidad de escoger el camino que deseamos tomar para prepararnos como profesionales, sino que todas y cada una de las áreas del conocimiento tengan la misma oportunidad de proveernos satisfacciones económicas y el crecimiento personal que deseamos, dentro de nuestro país, de manera que la emigración sea UNA opción, y no LA opción de muchos.

Refugio de la patria

Hoy más que nunca, las universidades deben ser espacios abiertos para la discusión de ideas,  la pluralidad y la convivencia, donde el ejercicio de la ciudadanía no sea un simulacro del deber ser sino un laboratorio de experiencias constructivas, que  desde el conocimiento se den respuestas a los conflictos y no a través de una quema de caucho diaria, que cercena el libre tránsito y la salud de otros.

Lo que sucede en Venezuela debe ser estudiado,  analizado y comparado con realidades vividas en otros momentos, en otras latitudes del mundo; debe ser documentado, debe ser objeto de discusión y sobre todo, debe ser el punto de partida para generar alternativas de cambio, y esa oportunidad la tenemos desde las universidades.

Allí la juventud, con todo el espíritu contestatario que algunos le adjudican, se convierte en un factor de cambio, que va más allá de lo que algunos pretenden hacer ver como “normal”,  mediante las acciones de calle que se esconden detrás de una máscara o capucha (con la excusa de no tener garantías en el ejercicio del derecho a la protesta),  para ir a  quemar cauchos, secuestrar vehículos o lesionar la infraestructura educativa y sus alrededores con el fin de rebelarse contra el sistema, bajo el estatus de estudiante y esgrimiendo una mal entendida autonomía universitaria. Eso es vandalismo y se coloca al mismo nivel de irracionalidad con la que han actuado varios de los funcionarios encargados del orden público en los últimos días; se compara con los ladrones de banco que toman de rehenes a inocentes  para que no los ataquen, y hasta se compara con el presidente de la república, quien no conoció el refugio de la patria y hoy día se hace de la fuerza pública para reprimir y anular toda forma disidencia, en aras de la imposición de una visión de país.

Porque soy universitaria creo en las aulas abiertas, creo en el derecho a la libertad de enseñanza y en la diversidad de pensamientos, creo que la madurez política de nuestros estudiantes radica en la coherencia de su hacer y pensar, y en el sentido crítico sobre lo que sucede a su alrededor independientemente de su tendencia, creo que la violencia no es el camino, creo en la globalidad del conocimiento que se origina en entornos locales, en definitiva, creo en la educación libre y de calidad  como poder de cambio.  Allí está el futuro.

 

Any Riera

Maracaibo, 20  de mayo de 2014

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