Vete o quédate, pero deja de juzgar al otro

La reciente y trágica muerte de Mónica Spears ha despertado  una serie de sentimientos encontrados no solo en los venezolanos sino en el mundo occidental, especialmente el hispano. Y es que la inseguridad en Venezuela no tiene dos días, pero en este caso, la víctima fue una figura pública que gozaba del cariño de muchas  personas quienes en medio de la polarización política que vivimos, encontraron en ella un punto de encuentro, porque fue Miss Venezuela 2004, porque era actriz venezolana de renombre internacional, o porque los de uno y otro bando ideológico la disfrutamos como María Esperanza, Mi prima Ciela, Flor Salvaje o la mujer perfecta.

Aquí han matado desde guardaespaldas de funcionarios hasta familiares de ministros, y la reacción de muchos es “a ver si eso les enseña que ni ellos mismo están a salvo”, pero con Mónica eso no sucedió, especialmente porque ella le puso rostro a las muertes de los cientos de miles de caídos en estos años de experimentación de una veintena de planes de seguridad infructuosos, pues así como nadie quiere que la protagonista de la novela se muera, nadie quiere ver partir trágicamente a un hijo por una bala perdida, un atraco por un celular, un enfrentamiento de bandas, entre otros.

Muchas han sido las reacciones en torno al tema. La más polémica ha sido la de Gaby Espino, quien  dijo que no vendría más al país, y creo que está en su legítimo derecho no solo de expresar esa opinión personal sino también en exigir respeto por eso. Estoy segura de que hay muchos en el medio artístico con deseos de manifestar lo mismo, unos que se quieren ir, otros que se quieren quedar y otros que no quieren volver, pero tal vez no lo hagan por temor a los cuestionamientos.

Bastante  se ha escrito sobre las razones que tienen los venezolanos para irse o para quedarse y no voy a redundar en eso, más bien quiero hacer un llamado al respeto por el otro, sea cual sea su decisión, ya que en estos años he visto mucha gente partir, mucha gente quedarse, algunos que se regresan y otros que se vuelven a ir. Unos  piensan en el que dirán y otros en lo que dirán para persuadir, por lo que comenzamos a escuchar y leer expresiones como estas “apátrida que no amas a Venezuela y no te quedas para luchar” o “ustedes están así porque les da la gana, ¿qué hacen que no se van?”; “la inseguridad está en todos lados, hasta en los países desarrollados” o  “allá ustedes con la policía corrupta de Venezuela”.  Y es cuando me pregunto a mí misma, ¿es que nadie se puede ir sin que los buenos deseos no suenen a reproche, o sin que el “hasta pronto” se sienta como “quién sabe cuando te volveremos a ver”?

Entonces comienza la configuración de un “otro” entorno a la migración, uno siempre será el sufrido , el “yo” que me quedo / me voy, y otro que será señalado, el “tu”,  que te vas/ te quedas. Por  ejemplo, revisando foros de personas con deseos de irse o ya idos del país, me encontré con esto:

Para mí ha sido muy común escuchar a algunos (gracias a dios no son todos) expat que hablan así de la migración, como si no hubiese sido una decisión con pros y contras, sino más bien una hazaña equiparable a la del príncipe de Disney que rescata a la princesa del castillo luego de enfrentarse con el dragón, y al que hay que darle un reconocimiento moral.

Por otro lado, algunos venezolanos que siguen acá, que trabajan como el que se va al extranjero (o sea, todos los días), que tienen una segunda nacionalidad o una carrera prioritaria para otro país,  cantan la canción de Carlos Baute y dicen que no se van porque no van a pasar frío, no van a pagar impuestos, no van a trabajar en Mc Donald en el exterior cuando nunca lo hicieron en su tierra, o simplemente no se quieren separar de la familia. Tal vez ahora mismo esté cayendo en algún juicio de valor, pero es algo a lo que nadie puede escapar. Lo importante es el reconocimiento del otro como iguales, ni mejor, ni peor.

Cada uno tiene sus razones para irse, para volver o para quedarse, y TODAS SON VÁLIDAS; podemos hacer recomendaciones y advertencias, pero ya basta de hacer juicios y recriminaciones a las decisiones de los demás, que son tan venezolanos como tú y como yo, ya que la vida da muchas vueltas y mañana no sabemos en qué lugar estaremos.

Si la vida te sonríe dentro o  fuera de nuestras fronteras, disfrútala, pero no señales al que se va, se queda o vuelve. Si tanto quieres al país y a los que estamos aquí, actívate y cumple tus deberes ciudadanos. Si te quedas o te vas, chévere, pero deja de cuestionar al otro.

ANY RIERA

Maracaibo,  11 de enero de 2014

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