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Archive for 7 noviembre 2009

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales,
jugando llamarán;

pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar;
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
esas… ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aun mas hermosas,
sus flores abrirán;

pero aquellas cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día…
esas… ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón, de su profundo sueño
tal vez despertará;

pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido… desengáñate,
¡así no te querrán!

Gustavo Adolfo Becquer


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¿para que hablar? Si cada vez que nos expresamos somos censurados bajo la modalidad de aclarar y/o cambiar los términos para no dañar  a los demás.

 

¿para qué emitir un juicio? Si los que viven a nuestro alrededor se sienten señalados.

 

¿para qué pedir justicia? Si lo que impera es la ley del poderoso en su espacio, quien desde la casa, la calle o el estado, asume el control y espera que la gente haga las cosas a su manera.

 

¿para qué pensar? Si después de habernos levantado con la capacidad de raciocinio crítico, nos quieren silenciar.

 

Vivo en un contexto de dominación, dentro y fuera de mi casa. Creo que sólo he podido ser relativamente  libre en mis estudios, mi trabajo y en mis actividades complementarias.

 

No me meto con la gente, para que no se metan conmigo. No me meto con las cosas de la gente, para que no se metan con las mías, pero pareciera que yo no existiera, ni mis espacios se respetaran.

 

No quiero vivir en soledad, pero sí con una demarcación territorial definida y clara, que mis cosas se respeten sin necesidad de colocarle una etiqueta, pues cuando alguien viola mi espacio con conocimiento de mi carácter, pareciera que se me deseara la muerte, ya que la incomodidad se prolonga en mi existencia.

 

A veces creo que quienes me tientan solo desean mi muerte, y a veces he llegado a pedirle a Dios que me llame con él, pues a pesar de todo quiero gozar de la vida en el paraíso divino. En otras palabras, descarto el suicidio.

 

En vista de que en repetidas ocasiones no puedo hablar, ni emitir juicios, ni pedir justicia, he llegado a la conclusión de que personas como yo debemos morir, pues al fin y al cabo se trata de situaciones que de una u otra forma nos llevarán a la muerte, bien sea por persecuciones políticas o porque la familia te excluya hasta el punto de creerte como un ser que no existe.

 

Creo que no dejaré de expresarme, aunque ello me lleve al fin de mi vida. El único consuelo que me queda es la libertad de pensamiento, de ese que no se dice pero que queda en la mente, pero que por no dejarlo salir, también tiende a consumirnos por dentro.

 

En conclusión, creo que debo morir.

 

 

ANY RIERA

Maracaibo, 4 de noviembre de 2009

 

Dedicado con mucho afecto a mi madre.

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