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Archive for 20 agosto 2009

Algunos pensarán que se trata de una broma de mi parte, pero no es así. En esta oportunidad intentaré explicar por qué las chicas como yo tenemos en nuestra personalidad sesgos de Candy Candy, pero no como algunos la consideran de “chica fácil” y “regalada”.

 

Me refiero a su constante tendencia de ayudar a otros en la resolución de sus problemas, de proteger a los más pequeños, y sobre todo de entregarle a otro la posibilidad de ser feliz, aunque su tristeza se ampare en la ya trillada generosidad altruista de sus acciones.

 

Creo que estas experiencias las hemos vivido en alguna oportunidad, aquellas jóvenes y adultas que no nos perdíamos los capítulos de Candy Candy, y las que veíamos en una segunda o tercera temporada, los detalles que se nos escaparon en el camino.

 

Así pues, somos muy buenas amigas  y objetivas en nuestro actuar cuando se trata de decisiones ajenas a los afectos; tenemos una respuesta a las necesidades de otros, o al menos tratamos de darle ánimos; nos gusta la naturaleza y sobre todo hablar, ser sociables, con altos grados de extroversión.

 

No obstante, también tendemos a ser “el pañito de lágrimas” de quien amamos, y precisamente por eso no nos dejamos de esas andanzas, sin darnos cuenta de que tarde o temprano ni siquiera seremos capaces de absorber nuestras propias lágrimas cuando nos dejan o nos piden tiempos y espacios para que la otra parte alcance su tranquilidad.

 

¿y nosotras qué? ¡Que un rayo nos parta el corazón para decidir alejarnos! tal como le sucedió a Candy cuando Anthony cae del caballo y muere, o peor aún, cuando le dice a Terry que se case con Susana, porque la chica ha sufrido un accidente que la dejó inválida de por vida.

 

¿qué hizo Candy White Andry? Refugiarse en los estudios (cosa a la que hemos apelado muchas y no me digan que no) y dedicarse al Hogar de Pony, el orfanato que la vio crecer.

 

Nuestro Hogar de Pony puede ser el trabajo, la familia y todo cuanto mantenga alejada la mente de los pensamientos referidos al amor que se fue, o que dejamos ir para que otro fuera feliz.

 

Lo más difícil de todo es que es un sesgo clavado en la personalidad, lo cual nos pendejiza sobremanera…¡qué pendejas somos!

 

Any Riera

Madrid, 14 de junio de 2009

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