A todas las mujeres

Porque eres como yo: MUJER

 

Como una flor…
Como un lucero que brilla en la oscuridad…
Como rocas volcànicas…
Como muñecas de porcelana, así somos las mujeres, delicadas y llamativas, radiantes y esperanzadoras, fuertes a pesar de las dificultades, impredecibles y arrasadoras.
 
Pero ¿qué pasa cuando la rutina nos envuelve, cuando crecemos en un mundo competitivo, cuando no llorar se muestra como la mayor proeza, cuando dejamos de lado nuestros afectos para dar paso a la vitrina de éxitos, espectaculares para los demás?
 
No dejamos de ser mujeres, pero una parte de nosotras se llena de vacío y queremos gritar, pero ¿gritar qué?, si ni siquiera lo logramos definir con exactitud. Para unos, el asunto es justificado como la consecuencia de un simple momento cíclico, repetitivo cada 25 o 28 días. Sin embargo, tú que eres como yo, MUJER, sabes que no todo es así, y que en el tiempo menos esperado la necesidad de gritar se hace cada vez mas fuerte, y solo el llanto sin razón aparente lo puede calmar todo.
 
Y es que en nuestro afán de querer demostrar fuerza y firmeza en nuestros actos, hemos llegado al punto de querer competir con los hombres diciéndonos a nosotras mismas “eso no es más fuerte que tu, no te dejes doblegar”, “todo es superable”, y como somos mujeres esta sociedad  nos permite llorar, solo que en este punto de la vida, hasta de eso nos queremos privar.
 
No importa si somos hijas, madres, esposas, hermanas, viudas, el sexo femenino, distribuido entre mujeres, mujercitas, mujerotas y hasta mujerzuelas, vivimos inmersas en un mundo donde la competencia ya no es con el otro, la otra o el mundo, es peor aun, con nosotras mismas; y nos reclamamos, objetamos y castigamos de manera reflexiva cuando las cosas se nos salen de las manos.
 
No debe ser así, MUJER, vivamos la alegría de ser diferentes (pues Dios nos hizo diferente al hombre), seamos flores en el jardín de la vida, luceros en medio de nuestras oscuridades, rocas volcánicas cuando lo deseemos y muñecas de porcelana capaces de llorar cuando lo necesitemos.
 
 
Any Riera Ortiz
Maracaibo, 29 – 3 – 2007
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